Información anestésica

Distinguido/a paciente:

Usted ha de someterse a una intervención quirúrgica que requiere la aplicación de anestesia y el propósito de estas líneas es darle a conocer algunos conceptos básicos de la misma y de sus diferentes modalidades, que le permitan afrontar el procedimiento anestésico-quirúrgico con mayor tranquilidad.

TÉCNICAS ANESTESICAS

Toda intervención requiere la aplicación de técnicas anestésicas, que garanticen la insensibilidad del Organismo frente al dolor causado por la agresión quirúrgica. La elección, aplicación y supervisión de dichas técnicas corre a cargo de un anestesiólogo, médico especialista en Anestesiología y Reanimación.

Básicamente existen 2 tipos de Anestesia:

1) Anestesia General
2) Anestesia Locorregional

1.- La Anestesia General

(Fig. nº1) Contempla la abolición del dolor fundamentalmente a través de la supresión del estado consciente, de manera que usted estará dormido/a, en una situación parecida al sueño normal. Esto se logra mediante la administración de diversos agentes anestésicos, cuya acción farmacológica permite no sólo llevar a cabo la intervención quirúrgica, sino que además preserva la estabilidad del Organismo mientras dura aquella.

Una vez esté usted dormido/a, un respirador le administrará el oxígeno necesario, junto con agentes anestésicos, que asegurarán su inconsciencia mientras dura la intervención. Ello requiere muchas veces la colocación de un tubo en la tráquea, que permita el libre paso del oxígeno y de los anestésicos, desde el respirador a sus pulmones. Es lo que se conoce con el nombre de intubación orotraqueal.

Un médico especialista en Anestesiología y Reanimación controlará en todo momento este proceso y mantendrá sus funciones vitales normales con ayuda de diversos monitores (ECG, Tensión arterial).

Al acercarse el final de la intervención, efectuará los ajustes necesarios para que, al término de la misma, usted se despierte de manera rápida y confortable.

Las indicaciones de la anestesia general son muy amplias; de hecho, cualquier intervención puede realizarse con esta técnica, aunque en ciertas situaciones puede ser preferible el empleo de técnicas regionales.

Como cualquier otra técnica, la anestesia general tiene sus ventajas e inconvenientes. Entre las primeras cabe citar el confort del paciente, el cual, al estar inconsciente, no se ve afectado ni por la duración de la intervención ni por factores susceptibles de provocarle incomodidad o estrés. Por lo que respecta a los inconvenientes, la sequedad de boca, ronquera, escalofríos y cierta desorientación al despertar son los más destacados; todos ellos, no obstante, de escasa o nula trascendencia clínica. La anestesia general es hoy en día un procedimiento altamente seguro y las complicaciones graves o muy graves son excepcionales.

2.- La Anestesia Locorregional

consigue la abolición del dolor mediante el bloqueo de las fibras nerviosas encargadas de conducir la sensibilidad y movimiento corporal. Este objetivo se alcanza con la administración de anestésicos locales, que interrumpen de manera transitoria y reversible la transmisión nerviosa y “duermen” la zona quirúrgica a operar.

La expresión más simple de esta técnica es la denominada Anestesia Local, que consiste en infiltrar con un anestésico la zona quirúrgica, haciéndola insensible al dolor de la operación. En general, la anestesia local sólo es aplicable en caso de intervenciones pequeñas limitadas a zonas superficiales poco extensas (Fig. nº2)

La Anestesia Regional, por su parte, incluye diferentes modalidades, según donde tenga lugar el bloqueo farmacológico de la transmisión nerviosa. Con el objeto de entender mejor las diferentes modalidades de anestesia regional, resulta conveniente resaltar ciertos aspectos fundamentales de la anatomía relacionados con la transmisión nerviosa.

La columna vertebral, formada por 33 vertebras, siete cervicales (C1 a C7), doce dorsales o torácicas (T1 a T12), cinco lumbares (L1 a L5) y nueve sacrococcígeas, contiene en su interior el canal medular donde se aloja la médula espinal (Fig. nº 3).

La médula espinal se extiende desde la parte inferior del tallo cerebral hasta el borde superior de la segunda vértebra lumbar y de ella parten 31 pares de nervios espinales:

8 cervicales (C1 a C8), 12 dorsales o torácicos (D1 a D12), cinco lumbares (L1 a L5), cinco sacros (S1 a S5) y 1 coccígeo (Fig. nº 4)

Los nervios espinales son los responsables de la sensibilidad y movilidad de las diferentes partes del cuerpo y salen por un agujero situado entre vértebra y vértebra denominado foramen intervertebral. (Fig.nº 5). A continuación se dividen en una rama posterior que inerva los músculos y la piel de la parte posterior del tronco y en una rama anterior que inerva los músculos y demás componentes de las extremidades superior e inferior así como la parte lateral y anterior del tronco (Fig. nº 6). Las ramas anteriores correspondientes a los nervios torácicos D2 a D12 se conocen con el nombre de nervios intercostales e inervan directamente los músculos intercostales, abdominales y la piel de la región anterolateral torácica y abdominal. El resto de ramas anteriores correspondientes a los 8 nervios cervicales, al primer nervio torácico, a los 5 nervios lumbares y a los 5 nervios sacros no inervan directamente las estructuras que les corresponden, como es el caso de los nervios intercostales, sino que se agrupan a su salida de la columna vertebral formando una especie de red o malla nerviosa denominada plexo. Existen cuatro plexos fundamentales: el plexo cervical, el plexo braquial, el plexo lumbar y el plexo sacro.

El plexo cervical está constituido por las ramas anteriores de los primeros cinco nervios cervicales (C1 – C5), que inervan la piel y músculos de la cabeza, cuello y parte superior de los hombros. El nervio frénico, responsable de la movilidad del músculo diafragma, músculo esencial de la respiración, es uno de los principales nervios emergentes de este plexo (Fig.nº 4)

El plexo braquial lo integran las ramas anteriores de los cuatro últimos nervios cervicales (C5 – C8) y del primer nervio dorsal o torácico (D o T1), que inervan los hombros y ambas extremidades superiores. Los nervios emergentes más importantes son el nervio musculocutáneo, el nervio mediano, el nervio radial y el nervio cubital (Fig.nº7). Las áreas de inervación cutánea de estos nervios pueden verse en laFig. nº 8.

2.- La Anestesia Locorregional

El plexo lumbar está formado por las ramas anteriores de los primeros cuatro nervios lumbares (L1 – L4) que inervan la piel de la pared abdominal anterolateral, genitales externos y parte anterior y lateral de la extremidad inferior. Los nervios emergentes más importantes son el nervio femoral, el nervio femorocutáneo lateral y el nervio obturador (Fig. nº 9).

El plexo sacro incluye las ramas anteriores de los nervios L4 – L5 (tronco lumbosacro) y de los cuatro primeros nervios sacros (S1 – S4), que inervan las nalgas, el periné y parte posterior de la extremidad inferior. Los nervios emergentes fundamentales de este plexo son el nervio ciático con sus dos componentes, el nervio tibial y el nervio peroneo común y el nervio pudendo (Fig. nº 9). Las áreas de inervación cutánea de ambos plexos pueden observarse de manera conjunta en la Fig. nº 10.

Así pues, hechas estas consideraciones anatómicas, la anestesia regional puede aplicarse a nivel del trayecto inicial de las fibras nerviosas a su salida de la médula espinal (anestesia espinal), a nivel de un plexo (anestesia plexual) y/o a nivel de un nervio emergente periférico (bloqueo anestésico periférico).

En la anestesia espinal ( epidural o intradural ) las fibras nerviosas se bloquean a nivel de su trayecto inicial de salida de la médula espinal, administrándose el anestésico local a través de una punción en la columna vertebral (Fig. nº11).

La diferencia fundamental entre ambas radica en que la anestesia epidural contempla la administración del anestésico en un espacio virtual situado por fuera del conducto raquídeo, donde se ubica la médula espinal (Fig.nº12), mientras que en la intradural, el anestésico se deposita directamente en el interior de este conducto (Fig.nº13).

Aunque tanto la epidural como la intradural pueden utilizar un catéter para la administración fraccionada del anestésico local y/o control del dolor postoperatorio (técnicas continuas), la intradural con catéter sólo suele emplearse en casos muy concretos.

En general, estas técnicas se emplean sólo para intervenciones sobre el abdomen inferior, periné, cadera, columna vertebral lumbar y/o sobre las extremidades inferiores, especialmente la intradural.

Las complicaciones más frecuentes asociadas al empleo de técnicas espinales son la hipotensión (caída de la tensión arterial) y la cefalea (dolor de cabeza), especialmente con la modalidad intradural.

Otra modalidad, la anestesia plexual, consiste en administrar el anestésico en zonas donde las fibras nerviosas, una vez abandonada la columna vertebral, se agrupan formando unas estructuras denominadas plexos. Así por ejemplo, la anestesia del plexo braquial, responsable de la inervación sensitiva de la extremidad superior se utiliza para intervenciones sobre el hombro, brazo, antebrazo o mano. El bloqueo del plexo braquial puede efectuarse por encima de la clavícula (intervenciones sobre el hombro) o por debajo de la misma (intervenciones sobre brazo, antebrazo y/o mano).

2.- La Anestesia Locorregional

La técnica infraclavicular más utilizada es la denominada anestesia axilar, que consiste en bloquear los nervios en el hueco axilar, a cuyo nivel éstos pasan rodeando la arteria axilar. Así pues, se introduce una aguja de fino calibre por encima del pulso arterial y conectada a en neuroestimulador eléctrico (Fig. nº 14). Cuando la aguja se aproxima al nervio, la estimulación eléctrica provoca una determinada respuesta contráctil a nivel de los músculos dependientes de este nervio, lo cual nos indica la correcta posición de la aguja. En este momento se inyecta el anestésico local a través de la aguja bloqueándose de este modo el nervio en cuestión.

Finalmente, las fibras nerviosas pueden bloquearse en su trayecto más periférico, es decir, lejos de la columna vertebral, bién de manera selectiva (un nervio en concreto) o conjunta, mediante la denominada anestesia regional endovenosa. Mientras la primera contempla la administración del anestésico en las proximidades del nervio en cuestión, como es el caso del bloqueo del nervio femoral (Fig.nº15a Fig. 15b), responsable de la sensibilidad de la cara anterior de la pierna, la segunda consiste en administrar el anestésico en una vena de la mano o del pie, previa colocación de un torniquete en el brazo o en el muslo, que impida el paso del anestésico a la circulación sanguínea y permita el bloqueo sensitivo de la extremidad a operar (Fig.nº 16).

Las complicaciones ligadas al empleo de estas técnicas son muy infrecuentes, siendo la más común la persistencia de una sensibilidad anómala durante varias horas después de finalizada la intervención.

A excepción de la anestesia espinal, todas las demás técnicas locorregionales no son aplicables en caso de cirugía sobre órganos internos.

Si usted lo desea, cualquier modalidad de anestesia locorregional puede suplementarse con una sedación, que le permita soportar la intervención con mayor tranquilidad. Esta sedación no debe confundirse con una anestesia general, pues a diferencia de ésta, aquella no le procurará la perdida de la consciencia. Por consiguiente, si usted es muy nervioso/a y/o no quiere “enterarse de nada”, lo mejor es que opte por una técnica de anestesia general, siempre y cuando su estado general y el tipo de intervención así lo aconsejen y/o permitan, para lo cual su anestesista le podrá informar.

En la actualidad, el riesgo ligado a cualquier técnica anestésica es extremadamente bajo, de manera que usted no debe preocuparse por ello. Por último, esperamos que esta información que acabamos de proporcionarle aumente su confianza en la anestesia y le pueda ayudar a elegir, de acuerdo con su anestesiólogo, la técnica más adecuada a su caso.