Partes del cuerpo que son inútiles

Partes del cuerpo que son inútiles

El texto, original habla sobre partes “inútiles” del cuerpo humano, por lo que es de suponer que ese maravilloso proceso que es la evolución termine por hacerlas desaparecer.

Lo cierto es que realizando esta traducción he aprendido un montón sobre anatomía, y me parece que este texto debería ser de obligada lectura en las escuelas de Texas, más que nada para ver que explicación le daban los defensores del Diseño Inteligente a todos estos “regalos inútiles” de nuestros ancestros.

Partes corporales inútiles

En el primer capítulo del libro “El descenso del hombre”, Charles Darwin identifica aproximadamente una docena de rasgos anatómicos que él alegremente describe como “inútiles, o casi inútiles, y consecuentemente sin interés para la selección natural”. La lista incluía al vello corporal, las muelas de juicio, y el coxis – rasgos superfluos que le servían como prueba principal en su argumento de que los humanos no descendían de “semidioses” sino de un largo linaje de criaturas cubiertas con pieles y mascadoras de plantas que portaban largas colas.

El catálogo de rarezas de Darwin estaba lejos de ser completo; nuestros cuerpos están repletos de partes que no necesitamos. Algunas son evanescentes reminiscencias de nuestros ancestros prehomínidos, tales como los músculos que servían para caminar a cuatro patas o colgarse de los árboles que aparecen en varias niveles de atrofiamiento. Otros son subproductos de una redundancia natural inherente en el desarrollo sexual humano, incluídos los pezones en los varones, y los diminutos vestigios de conductos seminales ocultos tras los ovarios de las mujeres. Luego existen curiosidades que, habiendo sobrevido a su aparente inutilidad, persisten simplemente porque no existe una razón real para que desaparezcan: ¿que ventaja o desventaja aporta el pelo de nuestro dedo pequeño del pie – o incluso qué razón hay para la existencia del propio dedo pequeño del pie?

Casi 125 años después de la muerte de Darwin, la ciencia aún no puede ofrecer una explicación completa por la que algunos rasgos anatómicos obsoletos persisten en nuestro acervo genético y otros se van. La investigación actual centrada en el genoma ha revelado que nuestro ADN transporta genes no funcionales relacionados con cosas que probablemente podrían ser útiles – como los receptores de olor del sentido del olfato de un sabueso, o enzimas que un día nos permitieron fabricar nuestra propia vitamina C. Dentro de unos pocos millones de años, los humanos podríamos perfectamente haber perdido algunos de estos extraños rasgos. De modo que míralos bien antes de que desaparezcan.

Órgano Vomeronasal (o de Jacobson)

Un diminuto hoyo a cada lado del tabique nasal que se considera ligado a los quimiorreceptores no funcionales. Podrían ser todo lo que queda de nuestra otrora gran habilidad para detectar feromonas

Músculos extrínsecos del pabellón auricular

Este trío de músculos posiblemente hacía posible que los prehomínidos moviesen sus orejas con independencia al movimiento de la cabeza, tal y como hacen los conejos y los perros. Aún los tenemos, y es gracias a ellos que algunas personas pueden aprender a mover las orejas.

Muelas del juicio

Los primeros humanos solían mascar un montón de plantas para obtener suficientes calorías para sobrevivir, por lo que contar con otra hilera de molares era de gran ayuda. Solo el 5% de la población cuenta con un juego sano de estos terceros molares.

Costillas del cuello

Un conjunto de costillas cervicales – posiblemente restos de la edad de los reptiles – aún aparece en menos del 1% de la población. A menudo provocan problemas nerviosos y arteriales.

Tercer párpado

Un ancestor común a las aves y los mamíferos podía haber contado con una membrana para proteger el ojo y barrer los residuos hacia el exterior. De él los humanos conservan solo un pequeño pliegue en la esquina interior del ojo.

Punto de Darwin

Un pequeño punto de piel plegada hacia la parte superior de cada oreja aparece ocasionalmente en los humanos modernos. Podría tratarse de un remanente de una formación más grande que ayudaba a centrarse en los sonidos distantes.

Músculo subclavio

Este pequeño músculo situado bajo el hombro, desde la primera costilla hasta la clavícula, podría ser útil si los humanos aún caminasen a cuatro patas. Algunas personas tienen uno, otras no tienen ninguno, y unos pocos tienen dos.

Músculo palmar

Este músculo largo y estrecho recorre el codo hasta la muñeca y está ausente en el 11% de los humanos modernos. Una vez pudo ser importante para colgarse y escalar. Los cirujanos lo aprovechan para su uso en cirugía reconstructiva.

Pezones masculinos

Los conductos lactiferous se forman antes de que la testosterona provoque la diferenciación de sexos en el feto. Los hombres tienen tejido mamario que puede ser estimulado para producir leche.

Músculo erector del pelo

Ciertos haces de fibras musculares lisas permiten a los animales erizar su pelaje para mejorar su capacidad de aislamiento o para intimidar a otros animales. Los humanos conservan esta habilidad (la famosa piel de gallina) aunque obviamente han perdido la mayor parte de su pelaje.

Apéndice

Este estrecho tubo muscular unido al intestino grueso, servía como área especial para digerir la celulosa cuando la dieta de los humanos consistía más en proteínas vegetales que en animales. También produce algunos glóbulos blancos. Anualmente, más de 300.000 estadounidenses son operados de apendectomía.

Vello corporal

Las cejas, evitan que el sudor caiga a los ojos, y el vello facial masculino podría jugar algún papel en la selección sexual, pero aparentemente, la mayor parte del pelo restante en el cuerpo humano no tiene ninguna función.

Músculo plantar

A menudo confundido con un nervio por los estudiantes novatos de medicina, este músculo fue útil para otros primates, para agarrar objetos con los pies. Ya han desaparecido en el 9% de la población.

Decimotercera costilla

Nuestros parientes más cercanos, los chimpancés y gorilas, cuentan con un juego extra de costillas. La mayoría de nosotros tenemos 12, pero el 8% de los adultos cuentan con un par de más.

Útero masculino
Los restos de un órgano sexual femenino no desarrollado cuelgan del órgano de la próstata masculina.

Dedo pulgar del pie

Los simios inferiores emplean todos los dedos de sus pies para asirse o colgarse de las ramas. Los humanos necesitan principalmente el dedo pulgar del piel para mantener el equilibrio mientras caminan erguidos.

Vaso deferente femenino

Lo que podría haberse convertido en conductos seminales en los machos, se convierten en paraovarios en las hembras, un grupo de tubos que acaban en vía muerta próximos a los ovarios.

Músculo piramidal

Más del 20% de nosotros carecemos de este diminuto músculo triangular similar a un marsupio que se une al hueso púbico. Podría tratarse de una reliquia de la bolsa de los marsupiales.

Coxis
Estas vértebras fusionadas son todo lo que quedan del rabo que la mayoría de los mamíferos aún emplean para mantener el equilibrio y para la comunicación. Nuestros ancestros homínidos perdieron la necesidad del rabo cuando comenzaron a caminar erguidos.

Senos paranasales

Los senos nasales de nuestros primeros ancestros podrían haber estado ligados a los receptores de olor, que les aportaban un elevado sentido del olfato que les ayudaba a sobrevivir. Nadie sabe por qué retenemos estas (tal vez problemáticas) cavidades asociadas a la mucosidad, salvo quizás para aligerar el peso de la cabeza y calentar y humedecer el aire que respiramos.